Cádiz es mujer con dos novios
prendaos de su talle.
Están por sus huesos locos
el Poniente y el Levante.
Ninguno quiere que el otro
le ronde sus calles.
Vientos del amor,
por las esquinas y azoteas
la requiebran y esa novia
pela la pava con los dos,
ay, los enamora,
los enamora, los enamora...
Ese Levante,
cuando entra desafiante,
loco de amor delirante,
me la vuelve medio loca...
Salta el Poniente,
salta el Poniente
pa echaral Levante...
¡qué valiente, qué valiente!
Y se pelean los dos
y todo es por amor:
por su novia dos hombres pelean.
Que son los vientos dos hombres
que a Cádiz la cortejan.
La está arrullando el Levante
y al Poniente le da celos.
Ya va a saltar, va a ganar, ya lo echó...
Son de amores, ay, estos duelos.
YCai, coqueta, los quiere a las dos,
cosas de mujeres,
que está que se bebe los dos vientos,
los dos vientos, ay, los dos vientos...
Que otros se jacten de las páginas que han escrito. A mí me enorgullecen las que he leído.

La Fuente del Ángel Caído o Monumento al Ángel Caído se encuentra en los Jardines del Buen Retiro de la Villa de Madrid (España), en la Glorieta del Ángel Caído, sobre el solar que ocupaba la Fábrica de Porcelanas de la China, destruida durante la Guerra de la Independencia en 1813. Es obra de Ricardo Bellver (escultura principal) y Francisco Jareño (pedestal).
En 1877, durante su tercer año como pensionado en la Academia Española de Bellas Artes de Roma, el escultor madrileño Ricardo Bellver (1845–1924) realizó en yeso la obra llamada El Ángel Caído. Al año siguiente ganó con ella, por cinco votos contra dos, la Medalla de Primera Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes, celebrada en Madrid. El catálogo de dicha exposición menciona unos versos de El paraíso perdido, de John Milton, en el que está inspirada la escultura, y que corresponden a la tercera y cuarta estrofas del Canto I:
Por su orgullo cae arrojado del cielo con toda su hueste de ángeles rebeldes para no volver a él jamás. Agita en derredor sus miradas, y blasfemo las fija en el empíreo, reflejándose en ellas el dolor más hondo, la consternación más grande, la soberbia más funesta y el odio más obstinado (Milton, El paraíso perdido, canto I).
La obra fue adquirida por el Estado por 4.500 pesetas, según la tasación previamente efectuada por el Jurado de la Exposición, y se decidió enviarla a París, con motivo de la Exposición Universal de 1878. Dado que en ella sólo se admitían esculturas de mármol o bronce, se iniciaron los trámites para realizar la fundición en dicho metal. Bellver sugirió hacerla en Roma, pero finalmente se llevó a cabo en París, por la casa Thiebaut-Fils.
El Ángel Caído pasó luego a formar parte de la colección del Museo Nacional. En octubre de 1879 su director, Benito Soriano Murillo, sugirió a la Dirección General de Instrucción Pública exponer la obra al aire libre:
(...) la estatua del Ángel Caído, por lo atrevido de su composición, por su original actitud y también por la materia en que ha sido fundida, tal vez no produzca todo el efecto apetecido, encerrada cual está en los estrechos límites de una sala, mientras que colocada en un sitio público, al aire libre con más espacio y horizonte, luciría ventajosamente el mérito de tan bella creación, sirviendo al mismo tiempo de ornato e iniciando de este modo al público en la contemplación de los buenos modelos del arte plástico que tan poderosamente contribuye a su cultura. (...)
La petición fue aceptada y la escultura se cedió al Ayuntamiento de Madrid para su instalación en un lugar público de la capital. El sitio elegido fue un espacio libre en los Jardines del Buen Retiro, ocupado anteriormente por la antigua Fábrica de Porcelanas de la China.
En mayo de 1880, Francisco Jareño, arquitecto responsable del Ministerio de Fomento, recibió el encargo de diseñar un pedestal sobre el que se apoyaría la obra de Bellver. Se ejecutó en granito, bronce y piedra, adoptando la estructura de una fuente con un amplio pilón. El conjunto fue inaugurado oficialmente en 1885.
En lo que hoy es la Glorieta del Ángel Caído se levantaron antaño varias construcciones. La más antigua de que se tiene noticia es la ermita de San Antonio Abad o San Antón, de tiempos de los Austrias. Tras su derribo, Carlos III mandó edificar en el lugar la mencionada Fábrica de Porcelanas, a semejanza de la existente en Capodimonte (Nápoles). La Fábrica fue destruida durante la Guerra de Independencia, y desde entonces el solar permaneció vacío hasta que se erigió la Fuente.
Actualmente, en la Glorieta confluyen tres vías asfaltadas del parque: el Paseo del Duque Fernán Núñez, el de Cuba y el del Uruguay.
El conjunto tiene unas dimensiones aproximadas de 10 metros de largo, 10 de ancho y 7 de alto. La escultura de Bellver mide 2,65 metros de alto.
La fuente está rodeada por un parterre circular de boj. El extenso pilón sobre el que cae el agua es de granito y tiene forma ochavada. En el centro, se alza el pedestal. Su base de granito, a modo de talud, tiene forma de pirámide truncada, de planta octogonal, y en cada uno de sus lados figura una carátula de bronce. Estas carátulas representan a diablos que sujetan con sus manos lagartos, sierpes y delfines, y en cada una de ellas hay tres surtidores de los que emana el agua. Sobre dicha base se sitúan otros dos cuerpos también troncopiramidales, pero con menor inclinación. Y a continuación un tercer cuerpo, de mucha menor altura y compuesto por tres escalones de planta circular, sobre el que descansa la escultura principal que remata el monumento.
El Ángel Caído, con las alas desplegadas y contorsionado, se apoya sobre unas rocas (que sirven de base), mientras una gran serpiente se enrosca alrededor de su cuerpo. Esta obra de Bellver muestra tres grandes influencias: la helenística, especialmente de Laocoonte y sus hijos; la barroca (sobre todo de Bernini), por su composición de líneas diagonales y su expresividad; y la romántica, por su sentimiento e intensidad dramática.

(Marilyn Monroe)
Pocos años antes Marilyn insertó el siguiente anuncio en un periódico:
Mujer sencilla, treinta años, bien en todos los sentidos y hasta ahora muy puesta a prueba sentimentalmente, ingresos medios de quinientos mil dólares anuales, busca señor honesto y sensible, incluso calvo, para fundar un hogar prolífico. Escribir a Marilyn Monroe, Sutton Place, New York.
No recibió ni una sola contestación.
Aquí no importa nadie, nadie más que tú... Y ahora yo...
Quien busca el cielo en la tierra es que se ha dormido en clase de Geografía
Ayer encontré esta frase en un sobrecito de azúcar. Dulzor en el contenido y una pequeña reflexión en el continente.
Definitivamente yo me dormí en clase, y me desperté, o más bien me despertaron. Pero, bueno, eso es lo de menos. Lo que importa es que ya no aspiro al cielo, ni siquiera en la tierra. Tan sólo quiero vivir, aunque no por ello dejaré de soñar.
Perdona que entre sin llamar.
No es esta la hora y menos el lugar.
Tenía que contarte
que en el cielo no se está tan mal.
Mañana ni te acordarás.
"Tan sólo fue un sueño", te repetirás.
Y en forma de respuesta
pasará una estrella fugaz.
Y cuando me marche estará
mi vida en la tierra en paz.
Yo sólo quería despedirme,
darte un beso y verte una vez más...
Promete que serás feliz,
te ponías tan guapa al reír.
Y así, sólo así,
quiero recordarte.
Así, como antes,
así, adelante,
así, vida mía,
mejor será así.
Ahora debes descansar.
Deja que te arrope como años atrás.
¿Te acuerdas cuando entonces
te cantaba antes de ir a acostar?
Tan sólo me dejan venir
dentro de tus sueños
para verte a ti.
Y es que aquella triste noche
no te di ni un adiós al partir.
Y cuando me marche estará
mi vida en la tierra en paz.
Yo sólo quería despedirme,
darte un beso y verte una vez más...
Promete que serás feliz,
te ponías tan guapa al reír.
Y así, sólo así,
quiero recordarte.
Así, como antes,
así, adelante,
así, vida mía.
Ahora te toca a ti,
sólo a ti,
seguir nuestro viaje.
Se está haciendo tarde,
tendré que marcharme.
En unos segundos vas a despertar...
(La Oreja de Van Gogh)
Siempre que escucho esta canción es como si te escuchara hablar. Igual que cuando me mirabas y me ofrecías todas las palabras del mundo en un parpadeo.
Y ahora no soy capaz de distinguir sueños y realidades...
No quiero retenerte, porque dicen que te hago daño, pero sé que, dondequiera que estés, me ayudas, porque siempre lo has hecho. Ahora no iba a ser menos.
Te quiero. Por todo lo que fuiste y por todo lo que sigues siendo. Porque eres un ángel... mi ángel.
Gracias por tus besos de buenas noches. Tú sabes cuáles...
¡Ah! Cómo hemos cambiado.
¡Qué lejos ha quedado
aquella amistad!
Así como el viento lo abandona todo al paso,
así con el tiempo todo es abandonado.
Cada beso que se da, alguien lo abandonará.
Así con los años unidos a la distancia,
fue así como tú y yo perdimos la confianza.
Cada paso que se dio, algo más nos alejó.
Lo mejor que conocimos
separó nuestros destinos
que hoy nos vuelven a reunir.
Tal vez si tú y yo queremos volveremos a sentir
aquella vieja entrega.
¡Ah! Cómo hemos cambiado.
¡Qué lejos ha quedado
aquella amistad!
¡Ah! ¿Qué nos ha pasado?
¿Cómo hemos olvidado
aquella amistad?
Y así como siento ahora el hueco que has dejado
quizás llegada la hora, vuelva a sentirte a mi lado.
Tantos sueños por cumplir, alguno se ha de vivir, sí...
Lo mejor que conocimos
separó nuestros destinos
que hoy nos vuelven a reunir.
Tal vez si tú y yo queremos volveremos a sentir
aquella vieja entrega.
¡Ah! Cómo hemos cambiado.
¡Qué lejos ha quedado
aquella amistad!
Ah.....
(Presuntos Implicados)
Hay cosas realmente irrecuperables, pero nos quedan los recuerdos. Los malos, los buenos... Espero que nunca los perdamos.
Caro, aquella amistad se la llevó el tiempo, pero a nosotras, si no exámenes por robar, aún nos quedan botellones por hacer.
Un beso muy fuerte, aunque no te gusten
